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Ferran Pi Roca
22/06/2019
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¡Viva la Revolución y la libertad! (con autómatas).

Photo by Daniel Cheung on Unsplash

 

Se nos pone cara de “gato al que han pisado el rabo”, cuando acudimos a cualquiera de los eventos sobre revolución digital y nuevas tecnologías y a conferencias de empresas disruptivas, como Startup Grind, y nos sorprende ver cómo ya se están implementando en la realidad diaria.

Las nuevas tecnologías son también, a menudo, criticadas por los supuestos impactos negativos que puedan tener en ámbitos como la privacidad, mundo laboral, dependencia, necesidad urgente de reinventarse… Sin embargo, es posible que las próximas décadas serán las más apasionantes de la historia de la humanidad en la medida que nos lo tomemos con la filosofía correcta. ¿No había dicho Descartes que el fin de la filosofía era procurar el provecho del género humano? Descartes había imaginado unos autómatas para los trabajos duros; y esos autómatas eran los antepasados de nuestros robots.

La manía que tienen las “revoluciones” es que cuando se lanzan, entonces la dificultad no está en hacerlas caminar y tomar ritmo, sino en detener su avance. Y entonces no hay quien las pare y te sumergen en su revolución casi sin pedirte permiso. Una vez sumergido, la marejada siempre se mantiene alta. No se termina, sino que avanza, dejando todo cambiado.

 

¡Libertad!

En esto de las revoluciones la historia también se repite. Por ejemplo, en la glamorosa revolución francesa, donde el promedio de los ciudadanos dedicaba sus días a, si no a tomar la Bastilla, a gritar “vivir libres o morir”, no cayeron en la cuenta que, no por gritar mucho “¡Libertad!”, los nuevos propietarios se sacarían de encima la marca de la sociedad territorial y feudal de donde venían. Podían ser hombres “libres”, no cabe duda, pero resultaba una base poco sólida para construir sobre ella el mundo de la revolución industrial (la siguiente revolución), que se avecinaba. En realidad, no tenían la menor idea de ese mundo industrial que se acercaba y que ya estaban construyendo en Inglaterra.

Como no lo veían, tomaron decisiones incorrectas por no tener la información. La Declaración de los Derechos del Hombre (de paso se había olvidado también de los derechos de la mujer, de los obreros y de los negros), que se publicó en esas fechas se había olvidado de los “deberes”. No tenían información y no sabían qué deberes debían acometer de cara a la marejada industrial que se venía.

Pero eso no ocurre hoy en día. Los múltiples artículos de expertos y eventos como los comentados en el primer párrafo, nos facilitan tener grandes ojos para visionar. No para ver. Para visionar lo que se viene y poner hilo en la aguja.

 

¿Ya estamos en la cuarta?

Philippe Gelis de Kantox nos dice que “Hace unos cuantos años, montar un negocio en internet era de locos. Ahora es de locos no estar en internet”. Pero, atención, vamos tan rápido que ya no estamos en la revolución de internet, que es la tercera. Estamos ya en la cuarta revolución, la del blockchain, la del internet de las cosas, de la nanotecnología o como quisiéramos llamar. Mucho ha llovido desde la época de María Antonieta. Pero ahora llueve más rápido.

 

Photo by Andrew Neel on Unsplash

 

El mundo laboral está teniendo grandes cambios. En la revolución industrial las máquinas acabaron con los oficios de artesanos, pero crearon nuevos puestos necesarios para manejar esas máquinas. Hoy en día, la automatización destruirá millones de empleos en los inmediatos años, pero creará millones de nuevos.

Ya están desapareciendo los trabajos rutinarios en las factorías y empresas, pero se necesitan personas para diseñar, programar y controlar a los softwares y a los robots. Nuevos puestos de trabajo, mejor pagados y, eso sí, que requieren del nivel de estudios y preparación que habrá que adquirir con urgencia. Este es un reto-país prioritario. En el otro lado quedarán trabajos de servicios básicos, precarios y mal pagados, donde los “robots” no se meterán (todavía). Los trabajos de hostelería y restauración son un ejemplo de ello.

 

Los mejores sobrevivirán

Como indica el profesor Juan Martínez-Barea, “La irrupción de cientos de millones de profesionales de los países emergentes, que gracias a la hiperconectividad y a la globalización, ya pueden competir de igual a igual con trabajadores de los países desarrollados, hace que sólo quienes ofrezcan un valor añadido diferencial puedan seguir manteniendo unas altas rentas de trabajo…Así, de forma general se polarizan tanto los puestos de trabajo como los salarios. Tendremos de manera creciente una gran oferta de puestos de trabajo low cost, con sueldos bajos, para personas con escasa cualificación o sin un valor añadido diferencial, y ofertas de trabajo de alta cualificación y alto valor añadido, con sueldos muy elevados”.

La nueva revolución determina nuevas formas de trabajar en las empresas. Aparecen nuevos patrones de trabajo. Las nuevas generaciones, conformadas por un talento muy bien preparado, quieren trabajar en proyectos estimulantes, en modalidad freelance y no aceptan ya las normas organizacionales de la era industrial. Son profesionales y startups de consultoría que trabajan en remoto, no necesitan trabajar de forma presencial en una empresa concreta, trabajan con metodologías ágiles y están cada vez mejor cualificados para proyectos y dirección de equipos de alto nivel. Suponen una inyección de talento cualificado para las empresas que los necesiten. Una bendición para las pymes que sepan aprovecharla.

El mundo del trabajo se está ya organizando con profesionales autónomos, virtuales y enfocados en resultados.

Tenemos más libertad que en tiempos de Robespierre pero igual necesitamos gritar fuerte a favor del optimismo y de la Acción (con mayúscula). Para no perder la cabeza como Luis XVI.

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