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Ferran Pi Roca
04/03/2020
Profesionales especialistas No hay comentarios

El bicho que nos hizo innovar

¿Hemos venido aquí para reír o para llorar?

¿Estamos muriendo, o estamos naciendo?

(Carlos Fuentes en “Terra Nostra”).

 

El impacto del coronavirus sobre gran parte del mundo, se añade como uno más de los factores desconcertantes e imprevisibles que conforman el contexto de cambio actual.

Su incertidumbre se suma a la provocada también por los cambios tecnológicos, sociales y económicos actuales. 

 

No hay un lugar de descanso para las empresas en una economía competitiva. La crisis climática y el nuevo virus complican más las cosas y causan pérdidas humanas y económicas. No obstante somos muchos los que creemos que la historia humana, lejos de concluir, no ha hecho sino empezar.

 

No hagamos mucho caso a los economistas. Tienen siempre la mitad de la razón en sus pronósticos, pero no saben qué mitad será. Mejor gestionar los cambios con la necesaria cautela pero con decisión a pesar de la incertidumbre. A veces el mejor de los planes fracasará; sin embargo, cuando los planes fallan, los podemos sustituir por otros y perseverar en nuestro propósito.

 

Puede ayudarnos conocer que grandes epidemias del pasado, como la peste negra, contribuyó a un cambio de percepción sobre la manera de vivir y morir que transformaría radicalmente al hombre medieval.

 

¿La peste negra transformó el hombre medieval? Cuando las cosas se ponen muy feas nos damos cuentas que estamos en un callejón sin salida y hay que innovar para salirse de él. No hay otra. Si hasta ahora la necesidad de la aprobación del grupo y el miedo a alterar el status quo eran un impedimento para innovar, ahora pocos nos imaginábamos que el impacto grave de una crisis económica causada por un bichito nos puede espolear hacia la innovación y la creatividad. 

 

 

 

Una muestra de innovación es la nueva guía del trabajo que el Ministerio de Trabajo acaba de publicar para enfrentar la epidemia. Recomienda el teletrabajo como una alternativa deseable. El teletrabajo no es tan nuevo en el mundo: durante la década de los 70, en los EEUU, y en plena crisis del petróleo, el físico Jack Nilles comenzó a pensar formas de optimización de recursos no renovables. Su primera idea fue “llevar el trabajo al trabajador y no el trabajador al trabajo”. En España han habido dificultades para entender sus beneficios.

 

Actualmente las empresas más innovadoras y con beneficios netos distribuibles más altos trabajan en remoto en un alto porcentaje. 

Bienvenido el teletrabajo a nuestro país y a las empresas. El uso de las nuevas tecnologías en el trabajo y la gestión digital del talento es una innovación obligada. El exceso de presentismo maltrata la productividad cuando solamente cuatro de ocho horas de trabajo presencial se trabaja efectivamente. El teletrabajo exige confianza y obliga a la medición por resultados.

 

El talento profesional cualificado es hoy digital. ¿por qué no el propósito de tener empresas con un buen coeficiente digital para seducir a los buenos profesionales cuando los necesitemos para trabajar en un proyecto? ¿Por qué no hacer felices a nuestros trabajadores con más confianza y una mejor conciliación de su vida profesional y familiar?

 

“Para dirigir a las personas, camina detrás de ellas.” (Lao-tzu).

 

8TEAL

 



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